07 octubre 2024

Próximamente...

Este blog nació en el otoño de 2012 con la intención de contar de forma sencilla el funcionamiento del ferrocarril en España. Muchas cosas son aplicables a muchos otros países, puesto que el sistema ferroviario es muy similar en todas partes, aunque haya cosas que cambian de unos a otros.
 
He escrito 43 entradas (y algunas más que se quedaron en borradores y no pasaron de ahí), algunas con muchas más visitas que otras, algunas con muchos más comentarios que otros. De momento ha tenido más de un millón de visitas (esa cifra tan simbólica se superó en el mes de junio de 2024).
 
En estos 12 años que lleva funcionando, el sistema ferroviario en España ha vivido una gran evolución y varias de las cosas que contaba entonces ya no son así. El ferrocarril es un medio que, dentro de lo estable que es en muchos aspectos, está cambiando constantemente, ya sea por adoptar nuevas tecnologías o porque se empiezan a hacer las cosas de forma diferente. También en este tiempo he ido descubriendo, casi por casualidad, que las cosas que aparecen aquí son de utilidad para mucha gente. Desde aspirantes a Maquinistas o Responsables de Circulación, pasando por Encargados de Trabajos o simplemente estudiantes que buscan información, ya sea para trabajos del colegio, instituto o universidad, o para poder completar unas prácticas de empresa. Pero no sólo eso, sino que también me han llegado noticias de que partes de este blog se han usado en formaciones internas de todo tipo de empresas relacionadas con el ferrocarril. Tengo que reconocer que, en un momento dado, dejé de escribir cosas porque pasé por una época de escasas ideas y de cambios en mi vida personal. Pero nunca lo abandoné. Siempre estuve pendiente de las estadísticas, del número de visitas, de los comentarios… Y siempre que pude, lo promocioné.
 
En este tiempo han surgido nuevos formatos para divulgar contenidos que están teniendo mucho éxito, como son los podcasts, vídeos, newsletters y otros. Y también han surgido un montón de divulgadores, creadores de contenido y medios de comunicación relacionados con el ferrocarril, que hacen un trabajo estupendo y, en muchos casos, muy bien documentado. Pero creo que ninguno de esos nuevos formatos se adapta tan bien a los contenidos que tengo aquí como el blog.
 
Ha llegado el momento de “darle una vuelta” al blog. Estad atentos a estas páginas porque, en las próximas semanas, se van a producir una serie de actualizaciones y reestructuraciones de contenidos, todo con el fin de que este blog, “¿Cómo funcionan los trenes?” siga siendo una referencia en el mundo ferroviario. Es probable que se produzcan discontinuidades entre una entrada y la siguiente, que se repitan contenidos porque los he trasladado, o que alguna entrada desaparezca. Tened paciencia, que todo volverá, más organizado y más completo.
 
Un millón de gracias a todos las personas que han leído alguna vez alguna de las entradas.

04 abril 2019

¿Cómo ser maquinista en España?

De todas las profesiones que hay en el ferrocarril, tal vez, la más llamativa y la más vistosa sea la de maquinista, es decir, la persona que conduce el tren. Eso no quiere decir que otros servicios dentro del mundo del ferrocarril no sean interesantes o divertidos, que lo son, pero seguramente el maquinista, por la sencilla razón de que le vemos al frente del tren, es la que más llama la atención.

Hoy vamos a dedicar esta entrada a contar cómo se puede llegar a ser maquinista en España. Hablamos siempre, como viene siendo habitual en este blog, de ser maquinista de la RFIG, o sea, la Red Ferroviaria de Interés General. Hablaremos de este caso porque es el más procedimentado y más estandarizado. Como os podéis imaginar, allí donde hay un ferrocarril, hay maquinistas (o conductores, según la categoría laboral de la empresa para la que trabajen), porque en la inmensísima mayoría de los casos, alguien tiene que conducir los trenes. Y claro, como hay tantos ferrocarriles por ahí, hay otro mogollón de formas de hacerse maquinista, pero que sólo sirven para ese ferrocarril concreto. No es lo mismo ser maquinista o conductor del Metro de Madrid que del Metro de Barcelona o el de Bilbao. De la misma forma que no es lo mismo conducir un tranvía de Madrid, que conducir un tranvía de Murcia, o de Parla, o de Barcelona, o de Vitoria, sólo por citar unos ejemplos.

Cada una de esas redes ferroviarias (sí, los tranvías y los metros también son ferrocarriles) tiene sus propias normas y su propia forma de hacer funcionar las cosas, y los requisitos que se exigen a las personas que trabajan en una red no son (o no tienen por qué ser) los mismos que se exigen en otra red.

De este tema se ha hablado mucho y hay mucha información en la red, sobre todo en foros específicos sobre ferrocarril, en los cuales esta cuestión sale recurrentemente. Con el fin de unificar un poco todos esos criterios, vamos a explicarlo aquí, con cosas bien refrendadas por la experiencia.

Antecedentes históricos

Por no prolongar mucho esta entrada, vamos a centrarnos en la manera de ingresar en la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE) desde su creación. Como sabéis, anteriormente la red ferroviaria española estaba formada por varias compañías privadas que eran dueñas de parte de la red, entre las que destacan Norte, MZA, Oeste y Andaluces, entre otras, y cada una tenía sus normas.

Con la creación de RENFE en 1941, se unificaron muchos criterios (algunos llevó años implantarlos). En un momento dado, la forma de ingresar en RENFE, tanto para el área de movimiento como para el área de infraestructura, pasaba por hacer el servicio militar en el Regimiento de Ferrocarriles, o por ingresar en las Escuelas de Aprendices. Con el paso del tiempo, se abrieron esas posibilidades incluyendo el ingreso "desde la calle", haciendo convocatorias de acceso a la empresa abiertas al público general.

No obstante, independientemente de la forma de acceso, para acceder al colectivo de conducción, todos los aspirantes tenían que pasar, necesariamente, por un tedioso y largo proceso de formación. Para empezar, un año de formación teórica, que incluía toda la normativa de circulación, además de toda la normativa asociada y relacionada con la conducción, incluyendo además cursos teóricos sobre los vehículos en los que se iba a trabajar.

Después comenzaba un periodo de al menos dos años de formación práctica en la que se enseñaba a conducir los diferentes vehículos, así como reparación básica de averías (para salir del paso y quitar el tren de en medio, aunque la profundidad de los cursos era tal, que muchas veces no sólo eran capaces de apartar el tren, sino de continuar el servicio hasta el final y poder llevar la máquina al taller) y por supuesto, se enseñaba cómo eran las líneas en las que se iba a prestar servicio: qué estaciones hay en el recorrido, cuál es la declividad de la línea en cada punto, qué señales se ven mejor o peor, en qué puntos hay que prestar especial atención...

¿Y después de ésto?

Pues después de esos tres años o más formándose, resulta que todavía no podían conducir. Accedían a la categoría de Ayudante de Maquinista, cuyas funciones eran colaborar con el maquinista en la conducción del tren e identificación de las señales, además de otras tareas como el enganche y desenganche del tren, las pruebas de frenado, las señales de cola y otras cosas más.

Pasado un tiempo como ayudantes, si habían recibido la formación adecuada, pasaban a ser Ayudantes de Maquinista Autorizados. Autorizados a conducir, se entiende, pero siempre bajo la supervisión del maquinista titular del tren. Recordemos que en aquella época, casi todos los trenes circulaban con dos personas en la cabina: el maquinista y el ayudante.

Para acceder a la categoría de Maquinista, había que presentarse a las convocatorias de ascenso internas de RENFE y superar los exámenes. Una vez aprobados, ya empezaban su carrera como maquinistas, pudiendo llegar a los puestos más altos del colectivo que eran los Maquinistas-Jefes de Tren del AVE (entonces sólo existía el de Sevilla), o ser Jefes de Maquinistas, poniéndose al mando de una residencia y organizando el trabajo de ese lugar, por poner sólo dos ejemplos.

¿Y ahora?

Bueno, pues esa forma de actuar funcionó hasta los años 1998-1999, aproximadamente, en los que, tras una serie de protestas, se firma el acuerdo del Agente Único entre los sindicatos y la empresa. A partir de ese momento, todos los ayudantes fueron ascendidos a maquinistas y los trenes empezaron a circular con una sola persona en la cabina. Pero en aquella época hacía muchos años que la puerta de entrada a RENFE se había cerrado. Las últimas promociones de militares o "de la calle" fueron a mediados de los 80 del pasado siglo (1986-1987).

Todo este sistema sufre una gran revolución en el año 2004, cuando se decide separar la infraestructura y los trenes, es decir, crear dos empresas distintas que gestionen la red por un lado, y los trenes por otro. El 1 de enero de 2005 se crean Adif y Renfe Operadora. Con el desarrollo de esa separación y la apertura a nuevos operadores de trenes privados (primero en mercancías y para el próximo 2020 también para viajeros), surge el primer problema. Y es que, hasta entonces, los únicos maquinistas que podían conducir trenes por la red eran los que había formado la RENFE. Así que se desarrolla todo el sistema formativo que existe hoy día, que, aunque ha sufrido algún cambio desde que empezó, a grandes rasgos son muy similares.

Para no extendernos mucho, sólo vamos a poner los requisitos a día de hoy:

- Ser mayor de 20 años
- Tener finalizados estudios de Bachillerato o de Formación Profesional de Grado Medio (o equivalentes)
- Tener finalizado los cursos de formación correspondientes
- Aprobar los exámenes oficiales de la AESF que acrediten los conocimientos adquiridos
- Cumplir con los requisitos psicofísicos necesarios

La AESF es la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria.

Hay que aclarar que, para ser maquinista hoy día, hay que obtener primero una licencia, y después unos certificados que acreditan qué podemos conducir y dónde.

Para entenderlo mejor, vamos a extrapolarlo al mundo de la carretera, que todo el mundo conoce. Hay varios tipos de carnet de conducir según el vehículo que vayas a llevar: el A para motos, el B para coches, el C para camiones y el D para autobuses. Bueno, pues esto es parecido.

La licencia es el documento que nos acredita como maquinistas, y acredita que tenemos los conocimientos mínimos para poder operar en la RFIG. Pero nada más. Sólo con eso no podemos conducir.

Además, necesitamos de unos certificados que acrediten que tenemos esos conocimientos más específicos. Esos certificados son de dos categorías:

- Categoría A: Permite a su titular conducir vehículos y locomotoras de maniobras, trenes de trabajo a velocidad inferior a 60 km/h y a una distancia máxima de 140 km de la base, vehículos de mantenimiento o construcción de la infraestructura y locomotoras de línea cuando sean usadas para maniobras.
- Categoría B: Todo lo anterior, y además trenes de transporte de mercancías o viajeros.

Para obtener la licencia, el curso deberá ser de, al menos 425 horas, de las cuales, al menos 120 horas de formación práctica, y de éstas, 56 serán de conducción efectiva.

Para obtener el certificado de categoría B, el curso deberá ser de, al menos 725 horas, de las cuales, al menos 380 de formación práctica, y de éstas, 160 de conducción efectiva.

Según la normativa europea, la licencia corre por cuenta del aspirante, y los certificados los expide la empresa ferroviaria para la cual se trabaje. No obstante, en España, dado que anteriormente el sistema era un poco distinto, se puede obtener en un curso conjunto la licencia y un diploma que acredita haber cursado los contenidos necesarios para el certificado de categoría B, por lo que todos los cursos que se ofrecen al público en general en España están compuestos por las dos cosas y son de, al menos 1.150 horas, de las cuales, al menos, 500 son prácticas, y de éstas, al menos 216 horas de conducción efectiva. Eso se traduce en un curso de unos 8-9 meses de duración, con jornadas de 6-8 horas de clase.

Por otro lado, los requisitos psicofísicos, muy resumidos, vienen a decir que tenemos que estar sanos, bien de la vista, bien del oído y no tener ningún trastorno psíquico o tomar medicamentos que puedan afectar a nuestras capacidades.

En la web de la AESF, en el apartado de Normativa, podéis consultar las Órdenes FOM que regulan todo ésto (FOM 2872/2010, FOM 679/2015 y FOM 1613/2016).

Vale, ya conocemos todos los requisitos, pero...

¿Cómo se convierte uno realmente en maquinista?

Bien, pues tan sencillo como acceder a uno de estos cursos y aprobar los exámenes. Los cursos los imparten centros de formación homologados por la AESF y con programas de formación homologados. Como todo en esta vida, hay centros cuya formación es de una calidad excelente y otros en los que la calidad no es tan buena. Ojo, las plazas de los cursos en todos los centros son limitadas. Eso quiere decir que cada centro puede establecer las condiciones que crea oportunas para acceder, pero últimamente lo que se está viendo en el sector es que, si el número de solicitudes es superior al número de plazas, van a hacer un examen de acceso que, normalmente, consiste en un test psicotécnico y un examen de conocimientos de Bachillerato. En el caso de Renfe, que es casi la única que publica toda la información, el examen es de Lengua y Literatura e Historia de 2º de Bachillerato y Matemáticas y Física de 1º. Otros centros de formación tienen exámenes similares. Si de verdad vais a decidiros por hacer uno de estos cursos, mirad bien, preguntad mucho, e informaros bien de todas las condiciones.

Lo primero es porque el curso tiene un coste aproximado de unos 20.000 € (en algunos sitios más y en otros menos). Lo segundo es porque lo que os enseñen ahí y la forma de estudiarlo os facilitará más o menos superar el examen de la AESF, teniendo siempre en cuenta que los contenidos del curso están homologados por la AESF. Por simplificar, es como elegir autoescuela para sacarte el carnet. Y lo tercero es porque la forma de realizar las prácticas de conducción difiere mucho de unos a otros. Tened en cuenta que se hacen en trenes reales.

Mientras que en unos centros, las prácticas se hacen en la misma localidad donde está el centro de formación y garantizando la vuelta a esa misma localidad cada día (es el caso de los centros de Renfe, por ejemplo), otros centros las realizan en trenes de mercancías de operadores privados y no tienen por qué comenzar y acabar cada jornada en la misma ciudad. En el segundo caso, los desplazamientos y pernoctaciones, en muchas ocasiones, corren por cuenta el aspirante, lo cual puede hacer que la cuenta final aumente bastante.

Por hacernos una idea, la parte teórica del curso viene durando unos 5-6 meses, y la parte de prácticas de conducción efectiva viene durando unos 2,5-3 meses. Si haces las prácticas en uno de esos centros de formación en los que no te facilitan los desplazamientos y pernoctaciones, cuenta con que tienes que son casi 3 meses moviéndose de un sitio a otro y durmiendo en hoteles, hostales, pensiones...

Bueno, pues una vez cumplidos todos estos requisitos y aprobados los exámenes (teórico y práctico) de la AESF, ya tenemos nuestra licencia de maquinista y el diploma con el que la empresa ferroviaria convalidará el certificado de categoría B.

¿Y ahora qué?

Pues nada, que tenemos el carnet, pero nada más. Para poder trabajar como maquinista tendremos que entrar en una de las empresas ferroviarias que operan en España, evidentemente. Las formas de entrar son tan variadas como empresas hay. 

Puede ser tan sencillo como mandar un curriculum a alguna de ellas (especialmente a las privadas, si le mandáis el curriculum a Renfe, lo van a ignorar, puesto que su proceso es muy diferente), que te llamen para una entrevista y que te contraten. A partir de ahí, la empresa deberá darte una formación específica de los vehículos que vayas a conducir (habilitación por clase de vehículo) y otra formación específica sobre las líneas por las que vayas a circular (habilitación de infraestructura).

La habilitación de vehículos suele ser de 40 horas teóricas y de 40 horas prácticas (80 si tu licencia tiene menos de 5 años de antigüedad). Y la habilitación de infraestructura suele ser de 35 horas por cada línea, de las cuales 8 son teóricas y 27 prácticas (54 si tu licencia tiene menos de 5 años de antigüedad). Digo suele ser porque depende de muchas cosas. En primer lugar, del vehículo, porque no todos son iguales, aunque la carga lectiva se suele programar de esa manera. Y tampoco las líneas son iguales. Unas son muy largas y otras muy cortas. Los responsables de formación de las empresas están al tanto de ello y programan los cursos en función de todas esas cosas (y además, la AESF lo supervisa). En cualquier caso, sólo si es muy difícil o imposible cumplir con esas horas, la AESF permite sustituirlas por 3 pasadas de ida y 3 pasadas de vuelta por cada trayecto (el doble si eres maquinista "novel"). Y si parecía que con eso ya está, pues resulta que no, porque de cada uno de estos cursos tendremos que hacer un examen.

¿Y para trabajar en Renfe?

Renfe, como ya sabréis, es la empresa ferroviaria estatal. Es la empresa que más trenes mueve en el país (más de 5.000 diarios). Como empresa estatal, en sus procesos de selección de personal tiene que garantizar la igualdad de oportunidades para acceder a la misma. Por eso, sus procesos de selección son muy distintos a los de las empresas privadas. El acceso a la empresa se produce a través de una Oferta de Empleo Público, que se publica tanto en la web Renfe como en el BOE y, a veces, en varios periódicos de tirada nacional. Normalmente los requisitos son tener la licencia y el diploma de categoría B, tener certificado psicofísico en vigor (tienen validez de un año para los maquinistas), y como requisitos opcionales tener idiomas (francés obligatorio para los servicios transfronterizos e inglés como complementario). Cuando salga la oferta, te apuntas, mandas toda la documentación que te pidan y te dirán si estás admitido o excluido y las razones y si puedes subsanarlas o no.

Las pruebas de acceso, al menos en las últimas 3 convocatorias de Renfe, han consistido en un test psicotécnico, un examen de conocimientos del temario de los cursos de maquinista, un examen de idiomas (sólo si optas a las plazas de servicios transfronterizos), un examen de simulador de conducción y una entrevista personal. Todas ellas son excluyentes, o sea, que si suspendes una, estás fuera del proceso.

Además, también ahora están valorando los méritos y la experiencia anterior, dando puntos extra por aquello que logres acreditar. Lo que más se valora es haber cursado una de las becas de formación que Renfe convoca periódicamente o estar trabajando con ellos con un contrato temporal.

Bien, esto es cómo funciona teóricamente todo el proceso, pero la realidad es un poquito distinto.

Si de verdad tienes claro que quieres trabajar en Renfe, lo primero que debes hacer es entrar como becario. Como he dicho antes, periódicamente, Renfe convoca becas de formación especializada en conducción. El contenido formativo de estas becas consiste en la habilitación de vehículos y de infraestructura. Tienen una duración máxima de 6 meses (dependiendo de la residencia que te toque será más o menos larga) y durante ese periodo la empresa te pagará 850 € al mes (hasta el año pasado eran 645). Cuando finalizas el periodo de beca, normalmente la empresa te ofrecerá un contrato temporal para seguir trabajando.

Cuando se convoque la OEP, lógicamente, si quieres seguir trabajando en la empresa, tendrás que presentarte a ella. La ventaja es que llevarás puntos extra por la experiencia que tienes y que estarás exento de determinadas pruebas de acceso (normalmente el psicotécnico, el de idiomas, el simulador y la entrevista), pero ésto puede cambiar según la convocatoria, por lo que conviene prestarle mucha atención.

Bueno, pues una vez superado todo el proceso, sea el camino que sea, ya sí puedes considerarte maquinista de tren. Todo ésto está durando, de media, entre un año y medio y dos años, es decir, no es algo inmediato y si quieres entrar, tiene que ser algo muy meditado. Ten en cuenta que todo ello es muy difícilmente compatible con tener otro trabajo (una vez que acabes el curso, olvídate de trabajar porque es incompatible con la beca), así que deberás tener garantizado, no sólo el pago inicial de los 20.000 €, sino el sustento durante todo ese tiempo. Y además, tendrás que estar dispuesto a moverte de tu ciudad, porque lo más seguro es que no se ofrezcan plazas ahí, aunque hay residencias que siempre salen, como las de Cataluña, País Vasco o las de la antigua Feve (hoy Renfe Ancho Métrico).

Por resumirlo, que me ha quedado muy largo:

1. Hacer el curso de maquinista en los centros de formación homologados
2. Aprobar los exámenes de la AESF.
3. Buscar trabajo.
     3.1. Encontrar trabajo en una empresa privada.
          3.1.1. Recibir los cursos de habilitación de infra y vehículo.
          3.1.2. Trabajar como maquinista.
     3.2. Entrar a trabajar en Renfe.
          3.2.1. Entrar de becario.
          3.2.2. Tener contrato temporal.
          3.2.3. Presentarte a la OEP.
          3.2.4. Aprobar la OEP.
          3.2.5. Trabajar como maquinista.

Pero, ¿ser maquinista es un empleo seguro?

Pues sí y no a la vez. Veamos, a grandes rasgos, las cifras que se manejan en el sector. Hay unos 6.000 maquinistas titulados en los registros de la AESF. De ellos, unos 5.000 trabajan en Renfe y otros 500 en las operadoras privadas. Es decir, que nos quedan unos 500 maquinistas que "no trabajan". Lo pongo entre comillas porque no es del todo cierto. Esos 500 maquinistas que no ejercen se dividen a su vez, más o menos, en una mitad que mantienen la licencia pero están trabajando en otras cosas (formación, en empresas ferroviarias pero sin conducir, directamente en otro sector...) y la otra mitad sí están sin trabajo. Atendiendo a las cifras, es una profesión con pleno empleo (menos del 5% de paro). Pero es que, además, la plantilla de Renfe tiene una de las edades medias más altas de toda España, y más de un tercio de la plantilla de la empresa son maquinistas. Han llegado ya los años en los que les toca jubilarse a aquellos que entraron en las grandes promociones de militares o aprendices, en las que entraban, cada año 700-800 personas en toda la empresa. Es decir, el ritmo de jubilación está siendo de ese orden de magnitud (unos 400-500 maquinistas al año), y hay que reponer a todas esas personas porque los trenes tienen que seguir moviéndose.

Es decir, estamos en un momento puntual en el que es fácil entrar a trabajar como maquinista. Luego, la seguridad del empleo va a depender de muchos otros factores, pero en las empresas públicas siempre será más seguro que en las privadas.

Perfecto, pero ¿y la pasta?

Pues hablando de dinero, hay de todo. Los sueldos que pagan las empresas privadas son secretos y son objeto de negociación entre el trabajador y la empresa, como en cualquier otro sitio. Además, se une la circunstancia de que no existe un convenio colectivo sectorial, por lo que muchas empresas, atendiendo a la actividad de su casa matriz, se acogen al Convenio del Metal o al Convenio de la Construcción, en los que, evidentemente, no hay ni una sola mención a la profesión de maquinista.

Sin embargo, si hablamos de empresas públicas, Renfe en este caso, los sueldos sí son públicos. Con una búsqueda rápida en internet podéis encontrar las Tablas Salariales de cada año. Sólo hacer la puntualización de que en esas tablas la parte fija del sueldo, que luego se complementa con una parte variable que oscila mucho en función de dónde estés trabajando. Esa parte variable se calcula en función del trabajo y productividad que haya en cada residencia.

Esta entrada no pretende ser algo exhaustivo. Sólo son pinceladas de cómo es todo el proceso. No pretendo dar detalles concretos porque, en cada una de las convocatorias, las cosas han sido distintas. Ahora parece que se están asentando y estamos viendo una repetitividad en las condiciones, pero la última convocatoria sigue siendo distinta de la anterior en algún aspecto. Y es algo que seguirá ocurriendo mientras se siga depurando el proceso.

Otro día hablaremos cómo es el trabajo de maquinista y también de cómo acceder a otros oficios del ferrocarril.

08 agosto 2016

Nuevo Reglamento de Circulación Ferroviaria

Hace ya un año, en julio de 2015, el Ministerio de Fomento aprobó el Reglamento de Circulación Ferroviaria (RCF), que llevaba más de 10 años dando vueltas en forma de distintos borradores, hasta que, al final, ha visto por fin la luz. Este RCF viene a sustituir al RGC, las NEC, las PTO y el Reglamento de Circulación y Reglamento de Señales de la antigua FEVE.

Ése, la desaparición de FEVE y su integración en Adif y Renfe, tal vez haya sido el motivo que ha propiciado que, por fin, se hayan unificado todas las normativas de circulación de la REFIG en un solo documento.

Pero esta unificación de la normativa no ha venido sin cambios. Gracias a la nueva redacción, hay algunas cosas que se han simplificado y han mejorado, y hay otras que no tanto. Vamos, si os parece, a echar un vistazo al nuevo RCF, que ya está publicado, pero que aún no ha entrado plenamente en vigor. El propio Real Decreto por el cual se aprueba este RCF establece que su entrada en vigor completa se producirá 18 meses después de su publicación, es decir, el próximo 18 de enero de 2017, si bien es verdad que hay determinados aspectos como la desaparición del CCR (Control de Circulación por Radio) o la adaptación a la nueva forma de señalizar los cambios de velocidad que contaban con plazos de 6 meses o un año respectivamente, por ejemplo. Estos plazos están aquí contemplados ya que se necesita tiempo para poder adaptar toda la documentación reglamentaria, así como formar a todas las personas que van a tener que trabajar con él.

Lo primero que nos llama la atención del RCF es su estructura. Estábamos acostumbrados a manejar el antiguo RGC, dividido en 6 títulos, con los artículos numerados correlativamente con números de 3 cifras de las cuales la primera hace referencia al título al que pertenece, y que nos permitía, de forma simple y de un solo vistazo, identificar a qué título pertenecía cada artículo y, por tanto, a qué tema hacía referencia.

La nueva estructura está dividida en varios libros, que vienen a corresponderse, aproximadamente, a los títulos del antiguo RCG, aunque con algunas diferencias. Vamos a ver la nueva estructura:

  • Libro primero: Principios fundamentales
Este libro se corresponde con el Título I: Generalidades del antiguo RGC. En él vienen incluídas todas las definiciones y principios generales de circulación de trenes. Además, este RCF aprovecha para incluir muchas de las normas europeas que antes no se mencionaban, o estaban dispersas por otras normativas. También, el RCF, dada la nueva estructura, incorpora en su articulado casi todos los capítulos del antiguo Manual de Circulación, que también desaparece. En este primer libro es interesante mencionar que tiene integrados los capítulos X e Y del Manual de Circulación referentes al frenado de los trenes, así como el Título V: Composición y Frenado del antiguo RGC.

  • Libro segundo: Señales ferroviarias
Este libro se corresponde en parte con el Título II: Señales e Instalaciones de Seguridad del antiguo RGC. En él vienen detalladas todas las señales (fijas, de los trenes y portátiles) que estarán en vigor con el RCF. Cabe destacar que se ha reducido y simplificado el número de señales existentes, y se han incluido e integrado en el mismo muchas de las de las NEC, las PTO y los reglamentos de FEVE. Un aspecto nuevo importante es el tratamiento que reciben ahora los cambios de velocidad máxima, tanto a nivel de definiciones de los mismos como de señalización en la vía. Asimismo, para no dejar un vacío legal difícil de interpretar, se ha incluido una especificación transitoria en la que vienen reflejadas las señales que tienden a desaparecer o cuya aplicación esté muy localizada, entre las que se encuentran todas las señales mecánicas, la forma antigua de señalizar las limitaciones de velocidad, y otras señales cuyo uso era limitadísimo, si no existente. También están incluidas aquí señales específicas del Reglamento de Señales de FEVE y de la sección internacional Figueras-Perpignan de la LAV Madrid-Barcelona-Frontera Francesa.

  • Libro tercero: Circulación
Este libro, como los anteriores, se corresponde con el Título III: Circulación del RGC. A destacar de este libro la importancia que se le da a los trabajos en vía, ya sea por mantenimiento normal, por obras o por averías, y es que uno de los puntos débiles en cuanto a seguridad ferroviaria era el tratamiento anterior de los trabajos en vía. En el nuevo RCF se pone de manifiesto que era necesaria una regulación más específica y concreta, así como totalmente libre de interpretaciones. En este sentido, es importante reseñar que desaparece el Bloqueo por Ocupación, y se sustituye por la Entrega de Vía Bloqueada, que ya existía tanto en las PTO como en las NEC. También destaca que se ha integrado en este libro todo lo relativo a maniobras, que antes estaba en el Título VI del RGC.

  • Libro cuarto: Bloqueo de Trenes
 Este libro es el equivalente al Título IV: Bloqueo de Trenes del antiguo RGC. Destaca a primera vista la definición de lo que es un bloqueo (antes inexistente), y que ya no se contemplan ni el CCR (que ya sólo estaba operativo en la línea de Murcia a Lorca) ni el BEM (que ya ha quedado prácticamente reducido a muy pocos trayectos de la REFIG). También, en la nueva redacción se sustituye la Vía Única Temporal (VUT) por la Banalización Temporal de Vía (BTV), aunque en realidad se trate del mismo concepto y se actúe de forma prácticamente igual. Este libro tiene dos especificaciones transitorias que tratan el CCR y el BEM. La parte relativa al CCR ya ha quedado derogada por haber acabado el plazo de 6 meses el 18 de enero de 2016, como dijimos antes, y la parte del BEM aún sigue en vigor mientras no se sustituya ese bloqueo por otro más moderno en los pocos trayectos en los que aún sobrevive.

  • Libro quinto: Instalaciones de Seguridad
En el nuevo texto se ha optado por separar este tema de las señales. Este libro tiene muchas partes totalmente nuevas, por ejemplo en lo relativo a definiciones de los distintos sistemas. En el RGC no estaban contemplados la mayoría de sistemas contemplados en este texto, ya que no existían, y su regulación se efectuaba a través de Consignas o de capítulos específicos del Manual de Circulación. Al desaparecer éste, toda la información que contenía se ha integrado en los distintos libros del RDF, siendo éste que nos ocupa el que mayor contenido tiene del Manual de Circulación. De hecho, en su estructura posee tres anexos dedicados al ERTMS, a los Pasos a Nivel y a otros detectores (de caída de objetos, de cajas calientes, de viento lateral...), dos apéndices dedicados a ASFA Digital y Circuitos de Vía y Contadores de Ejes, y tres especificaciones transitorias dedicaas a ASFA Analógico (a extinguir dentro de muy poco tiempo), EBICAB (a extinguir cuando entre en servicio el ERTMS en el Corredor Mediterráneo) y LZB (sólo activo en las LAV Madrid-Sevilla, La Sagra-Toledo y Córdoba-Málaga, así como en la C-5 de Cercanías Madrid).

Y ésto es lo relativo a la estructura del RCF en comparación con la normativa anterior. En posteriores entradas trataremos, libro a libro, las diferencias entre el RCF y el RGC, para comprender la profundidad de los cambios.

Y antes de que se me olvide, podéis descargar el RCF de la web de Adif, concretamente aquí: http://www.adif.es/es_ES/conoceradif/declaracion_de_la_red.shtml.

21 diciembre 2015

Cambios significativos de velocidad

Para leer una versión actualizada de esta entrada, pincha aquí.

A poco que hayáis estado un poco al tanto de lo que ha ocurrido últimamente en el mundo ferroviario en España, habréis visto o leído que ha aparecido un concepto nuevo. Son los Cambios Significativos de Velociad (CSV). Vamos a ver qué son y por qué se han creado. Pero antes, una pequeña introducción.

El 24 de julio de 2013 se produjo, cerca de la estación de Santiago de Compostela, uno de los peores accidentes ferroviarios de España. Un tren, que hacía el recorrido Madrid-Ferrol pasó a casi 190 km/h por un punto en el que la velocidad estaba limitada a 80, descarrilando completamente y produciendo 79 u 80 víctimas mortales, según la fuente. No voy a entrar en las causas del accidente, pues aún están siendo investigadas por la justicia y, además, no tengo los datos suficientes como para poder saber cuáles fueron.

Poco después, concretamente el 1 de agosto de 2013, la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), emitía un informe preliminar de la investigación del accidente en el que proponía una serie de recomendaciones a tomar por parte de Adif, Renfe y la Dirección General de Ferrocarriles. Podéis ver el informe final, emitido en mayo de 2014 aquí. Es el más completo de cuantos ha publicado nunca la CIAF.

Entre esas recomendaciones podemos ver dos, la 54/13-1 y la 54/13-2, destinadas a Adif, en las que se insta a
Normativizar que todas las reducciones de velocidad a partir de un cierto rango estén señalizadas en la vía con señales fijas de limitación de velocidad
y a que
Para estas situaciones (reducciones significativas de velocidad), gestionar la implantación progresiva de balizas que puedan ayudar a controlar la velocidad de los trenes, de modo que se produzca su frenado en el caso de que pueda llegar a rebasar la velocidad máxima con la que debe ingresar en el tramo siguiente. Para ello, impulsar los desarrollos tecnológicos necesarios del sistema ASFA Digital
Inmediatamente después de la publicación del informe, Adif se puso a trabajar en estos aspectos concretos y, al poco tiempo ya tuvo preparadas las normas que pedía la CIAF en sus recomendaciones.

Vamos a traducir a un lenguaje llano lo que significan las recomendaciones de la CIAF, no sin antes explicar unos pequeños y no tan pequeños detalles de la normativa española de limitaciones de velocidad.

Como vimos en la entrada en la que hablábamos de señales de limitación de velocidad, el hecho de que los trenes sean muy pesados (cientos de toneladas), que se muevan por superficies muy resbaladizas (el rozamiento de la rueda de acero con el carril de acero es muy pequeño) y que la superficie de apoyo de la rueda y el carril sea pequeñísima, no ayudan para nada a frenar a los trenes. Es por eso que tenemos que avisar a los maquinistas de que se acercan a un sitio donde la velocidad está limitada. Y por ello podemos encontrarnos hasta 3 señales que nos anuncian una limitación de velocidad: la señal de Preanuncio de Velocidad Limitada, la de Anuncio de Velocidad Limitada y la de Velocidad Limitada en sí. Os acordaréis que dijimos que podían ser de dos tipos, permanentes o temporales, y en función de eso llevarán el fondo blanco o amarillo.

Bien, pues esto ocurre sólo cuando la velocidad limitada afecta a tramos concretos, como por ejemplo un túnel, una curva, un puente, un tramo en obras, un tramo con la vía en mal estado o en el que hay trabajos...

Existe otro concepto, que es la Velocidad Máxima, que es aquélla que un tren no debe superar. Éstas velocidades máximas, generalmente, no están señalizadas en la vía, o sea, no hay señales como las que hablábamos antes para avisar a los maquinistas de cuál es la velocidad máxima en el trayecto en el que están. La información sobre estas velocidades máximas está contenida en el Cuadro de Velocidades Máximas y en el Horario de los Trenes, que son dos libros que los maquinistas tienen que llevar a bordo del tren y siempre a la vista mientras conducen.

Como creo que estoy liando las cosas más de lo que debería, voy a hacer una analogía con la carretera, que es lo que todos conocemos.

La Velocidad Máxima es equivalente a la velocidad genérica de una carretera (por ejemplo, los 120 en autopista o autovía), y la Velocidad Limitada es una reducción de esa velocidad genérica por una causa concreta (por ejemplo, las limitaciones a 80 ó 100 en los túneles que hay en las autopistas). En la carretera, las velocidades genéricas no se señalizan (mejor dicho, no hay obligación de señalizarlas, aunque se ponen señales como recuerdo a los conductores), y las limitaciones de velocidad sí hay que señalizarlas. En el ferrocarril ocurre lo mismo: las Velocidades Máximas no se señalizan y las Velocidades Limitadas sí.

La gran diferencia entre la carretera y el ferrocarril es que, en la carretera, la velocidad máxima genérica de la A-1 entre Madrid e Irún es de 120 km/h, y sin embargo la Velocidad Máxima de la línea 100 de Adif entre Madrid-Chamartín e Irún puede ser distinta en cada trayecto entre estaciones, variando desde los 75 km/h entre Zumárraga y Gabiria, hasta los 200 km/h al paso por Burgos, sin contar con las numerosísimas limitaciones al paso por curvas o por estaciones. Bien, pues estos cambios de velocidad máxima son los que no se señalizan, y nada más vienen indicados en los papeles de los maquinistas, porque siempre coinciden con puntos reconocibles de la línea, como bifurcaciones, estaciones o cambios de rasante.

A raíz de la investigación del accidente, se detecta que hay bastantes sitios a lo largo y ancho de la red ferroviaria española donde esos cambios de velocidad máxima son grandes, como el ya tristemente conocido de la curva de A Grandeira en el que la Velocidad Máxima pasa de 300 a 80.

En primer lugar, Adif pone a sus técnicos a trabajar para definir qué se considera una "reducción significativa de velocidad", citando textualmente a la CIAF, y llegan a la conclusión de que éstas reducciones son las que suponen que la velocidad máxima es más de un 40% (ver actualización más abajo) inferior, con cierto factor de corrección en función de la declividad de la línea en ese tramo, además de alguna otra circunstancia. Estos técnicos, junto con los responsables de la seguridad en la circulación los llamarán, a partir de ahora, Cambios Significativos de Velocidad (CSV).

El siguiente paso es analizar una por una las reducciones de Velocidad Máxima que hay en la red, y después, identificar cuáles de esas reducciones se consideran CSV. Además, durante este análisis, se decide que no sólo van a constituir CSV las reducciones de Velocidad Máxima, sino que se van a incluir en la lista, aquéllas limitaciones de velocidad permanente que cumplan con estas condiciones.

Una vez definida y establecida la lista, hay que señalizarlas en la vía, y para saber cómo hacerlo, Adif edita una serie de documentos reglamentarios para dar a conocer a todo el personal ferroviario la creación de estas CSV y cómo se van a señalizar en la vía.

Así que, a partir de la publicación de estos documentos, aparecen unas nuevas señales de limitación de velocidad en la vía. Tienen las mismas formas que las que ya existen (circular para el anuncio, romboidal para el inicio y cuadrada para el final de la limitación), pero con el fondo de color naranja. Algo así:

Señales de anuncio, inicio y fin de CSV.
Además, haciendo caso a una de las recomendaciones de la CIAF, se instalan en la vía balizas ASFA asociadas a estas señales, que van a dar la misma información que las de limitación temporal de velocidad. La actuación de los maquinistas debe ser la misma que ante cualquier limitación temporal, reconociendo la limitación en el ASFA y frenando el tren para ponerlo a la velocidad que marca la señal.

Pero la instalación de estas balizas puede llegar a interferir con las balizas normales de las señales, por lo que se procedió a un estudio pormenorizado de los lugares donde se tenían que instalar, cruzando esos datos con los lugares donde están las balizas previas y de pie de señal. Fruto de ese estudio, algunas señales se han tenido que desplazar del lugar donde estaban previstas originalmente, con la finalidad de que los equipos del tren sean capaces de leer todas las balizas sin hacerse un lío y provocar frenadas de emergencia donde no se debería.

Los documentos reglamentarios en los que se dan a conocer estas señales, también informan del modo en que deben colocarse en determinadas circunstancias. Por ejemplo, cuando un cambio de velocidad máxima se considere CSV, y éste coincida con una estación, las señales de inicio de velocidad limitada no se colocan frente al edificio de viajeros, que es donde realmente comienza la limitación, sino que se colocarán antes y después de la estación. Y ésto no es por capricho. Se hace así porque, de esa forma, se garantiza que los maquinistas tengan una buena visión de la señal, sin otros elementos que puedan molestar, como podrían ser los viajeros en el andén, o cualquier otro elemento. Y se ponen dobles, a la entrada y a la salida de la estación, tanto para los trenes pasantes (la de la entrada) como para los trenes que nacen en esa estación (la de la salida).

¿Y qué ocurre cuando se pone una limitación temporal de velocidad (LTV)?

En este caso, hay que estudiar si la reducción de velocidad es significativa o no, es decir, si supone una reducción de más del 40% de la velocidad máxima de ese tramo. Recordad que ese 40% es un valor aproximado que puede variar en función de la declividad de la línea. Y aquí, pueden darse dos casos: que la limitación no implique un CSV, o que sí lo sea.

Para el primer caso, la LTV se señaliza tal como vimos en esta entrada. Pero en caso de que la LTV suponga un CSV, se señaliza de otra manera. Básicamente consiste en la misma señal que una LTV normal (con fondo amarillo), pero además se le instala debajo un rectángulo naranja que nos recuerda que la reducción es significativa. Como siempre, una imagen vale más que mil palabras, así que aquí van un par de fotos.

Señales de inicio y fin de LTV que suponen un Cambio Siginificativo de Velocidad. Foto mía cerca de Illescas (Toledo) en diciembre de 2015.

En la secuencia de fotos anterior, faltaría la señal de anuncio de la LTV que sería la redonda con fondo amarillo y el "60" dentro, y que también llevaría el panel naranja debajo.

ACTUALIZACIÓN (20/04/2106):

Finalmente, tras mucho buscar, encontré el documento donde se establece cuándo se considera un CSV. Os pongo la tabla a continuación:

Velocidad máxima
del trayecto                  CSV         Diferencia          %
         60                          35                   25               71
         65                          40                   25               63
         70                          45                   25               56
         75                          50                   25               50
         80                          50                   30               60
         85                          55                   30               55
         90                          60                   30               50
         95                          60                   35               58
       100                          65                   35               54
       105                          70                   35               50
       110                          75                   35               47
       115                          80                   35               44
       120                          80                   40               50
       125                          85                   40               47
       130                          90                   40               44
       135                          95                   40               42
       140                        100                   40               40
       145                        105                   40               38
       150                        110                   40               36
       155                        115                   40               35
       160                        120                   40               33
       165                        120                   45               38
       170                        125                   45               36
       175                        130                   45               35
       180                        135                   45               33
       185                        135                   50               37
       190                        140                   50               36
       195                        145                   50               34
       200                        150                   50               33

ACTUALIZACIÓN MARZO 2018:

Con la entrada en vigor del Reglamento de Circulación Ferroviaria, RCF en enero de 2017, la forma de señalizar tanto las Velocidades Máximas como las Velocidades Limitadas y las Limitaciones Temporales de Velocidad ha cambiado. Ahora se señalizan todas las velocidades en la vía (aparte de estar incluidas en la documentación del maquinista. A la salida de cada estación es olbigatorio que existan señales de velocidad máxima para ese trayecto. Además, desaparece la señal de fin de limitación de velocidad y en su lugar se instala una señal con la nueva velocidad. En el caso de las LTV, se instalan las dos señales, la de fin de LTV y una con la velocidad del trayecto.

28 enero 2014

Más fotos de aparatos de vía

En la última entrada vimos unos cuantos aparatos de vía, pero para algunos de ellos no tenía fotos, y en otros sólo puse fotos de uno de los tipos.

Uno de los seguidores del blog, Álvaro Martín, me ha prestado estas fotos que pongo a continuación.

Bridas

Como dijimos, las bridas son las piezas que unían los carriles entre sí antes de que se perfeccionara la técnica de la soldadura.

Bridas en una vía de la estación de Almorchón (Badajoz). Foto de Álvaro Martín en diciembre de 2013.
En esta foto podemos ver una pareja de bridas uniendo sus correspondientes parejas de carriles. Como veis, en algunos casos (la mayoría de ellos), quedaba un espacio relativamente grande entre los carriles. Eso provocaba baches y ruidos con el paso de los trenes. De ahí es de donde procede el ya famosos y casi extinto traquetear de los trenes por las vías.

Junta aislante en una vía de la estación de Soto del Real (Madrid). Foto de Álvaro Martín en octubre de 2013.
En esta otra imagen podemos ver una junta aislante de carril. La diferencia fundamental con la brida es que la junta aislante está hecha de un material dieléctrico, es decir, no conductor de la electricidad o aislante. En el caso de la que vemos en la foto se trata de una junta aislante de fibra de vidrio. Las más antiguas (y más bonitas, dicho sea de paso) eran de madera barnizada. También observamos que, entre los dos carriles, hay una pieza, generalmente de plástico, con la misma forma que el carril. Esa pieza es absolutamente necesaria para aislar eléctricamente los carriles. Y por último, por dentro de los agujeros de los carriles, aunque no podamos verlos, hay unos casquillos, también de plástico, para que los tornillos no lleguen a tocar ninguna parte del carril, porque si no, podrían aparecer derivaciones eléctricas que no nos interesan para nada.

Conjunto de brida y junta aislante en una vía de la estación de Soto del Real (Madrid). Foto de Álvaro Martín en octubre de 2013.
Os preguntaréis por qué puede interesarnos unir dos carriles con una pieza aislante, de un material mucho más blando que el acero del que están hechas las bridas. Bien, pues puede interesarnos, como en el ejemplo de la foto, para poder montar circuitos de vía. Os recuerdo que un circuito de vía es un sistema de detección de presencia de tren sobre el cuál hablamos en esta entrada. De esta manera, tendremos eléctricamente aislados los carriles de la izquierda de los de la derecha, y seremos capaces de detectar si hay un tren tanto a la derecha como a la izquierda de la junta aislante.

Juntas de dilatación

En la entrada anterior vimos un par de juntas de dilatación. Una de una foto mía, y otra de una foto de la web de Adif, pero ambas pertenecían al mismo tipo.

Junta de dilatación en la estación de Almorchón (Badajoz). Foto de Álvaro Martín en diciembre de 2013.
Ésta que nos trae aquí Álvaro es una junta de dilatación más antigua que la que os mostré. Su funcionamiento es prácticamente igual que en el otro tipo, pero con la diferencia de que aquí hay más piezas, y la interrupción del plano de rodadura es mayor. Cuando hace calor y el carril dilata, hace presión contra la pieza exterior y la empuja. Cuando hace frío, ocurre lo contrario, y es la pieza exterior la que presiona contra los carriles, reduciendo el espacio libre entre ellos.

Calces descarriladores

Otro de los aparatos de los que hablamos en la entrada anterior tenía la finalidad de hacer descarrilar cualquier tren que pase sobre él.

Sí, sí, habéis leído bien: descarrilar.

¿Y por qué puede interesarnos ésto? Pues porque puede ser necesario hacer que los vehículos que están en una vía determinada no puedan acceder accidentalmente a la vía general, ya que podrían provocar un accidente más grave. Para ello, montamos estos aparatos que, cuando están abatidos, o sea, sobre el carril, hagan descarrilar cualquier cosa que pase por encima, y que permitan el paso normal cuando están levantados.

Calce descarrilador, accionado por marmita y asegurado con candado Bouré en la estación de Soto del Real (Madrid). Foto de Álvaro Martín en octubre de 2013.
 En concreto, el calce que vemos en la foto está instalado en una vía que da acceso a un ramal de un taller de vagones. Como es posible que dentro del taller tengan que hacer maniobras con los vagones, y existe la posibilidad de que alguno se escape (accidentalmente, por supuesto), se mantiene el calce abatido siempre, de tal forma que un vehículo descontrolado descarrilara al pasar por ahí y no irrumpiera en la estación donde podría estar pasando otro tren a toda velocidad. Cuando se quiere acceder a la vía general, se levanta el calce y ya se puede pasar con normalidad.

Dos calces descarriladores en la estación de Arroyo-Malpartida (Cáceres). Foto de Álvaro Martín en diciembre de 2013.
Generalmente, los calces están conjugados con la aguja que suele haber a continuación, es decir, que se mueven simultáneamente, de tal forma que, si la aguja está orientada hacia la vía con calce, éste estará levantado, y si es al contrario, estará abatido. Y en algún caso, como el de la imagen anterior, es posible que sea necesario proteger más de una vía, por lo que se monta un calce en cada vía.

Calces inmovilizadores

Hay otro tipo de calces, pero que no son realmente aparatos de vía. A pesar de eso, aquí nos los muestra Álvaro.
Calces en una estación sin determinar. Foto de Álvaro Martín.
Estos calces se usan para inmovilizar los trenes que se vayan a quedar apartados un tiempo suficientemente largo. Son de uso obligatorio siempre en estaciones que estén en rampa o pendiente y en algunos casos más, que vienen especificados en el RGC.

Se colocan sobre el carril, debajo de las ruedas extremas del tren que se quiere inmovilizar. Su ingenioso diseño hace que, una vez colocados correctamente, el tren no pueda moverlos, ya que los estará pisando a la vez que el tope del mismo no deja que la rueda gire. El candado que vemos en la imagen es para asegurarse que ningún amigo de lo ajeno los quite y nos deje el tren sin asegurar.

En todas las estaciones hay cajetines, cerrados con su correspondiente candado, en los que hay, al menos, dos calces.

09 enero 2014

Aparatos de vía

Hemos hablado aquí largo y tendido de agujas, desvíos y demás cacharros que sirven para mandar a los trenes a un lado o a otro. Son los llamados "aparatos de vía", es decir, cualquier cosa que haya en la vía que interrumpa la continuidad de los dos carriles. Vamos a ver unos pocos.


Bridas

Las bridas no son aparatos de vía realmente, pero actúan como uno de ellos. Son unas piezas metálicas, normalmente con cuatro agujeros (las hay de más y de menos), que sirven para unir los carriles entre sí y así darle continuidad al mismo. Por esos agujeros (que tienen que coincidir con los agujeros que tienen los carriles en sus extremos) se introducen unos tornillos con tuercas. 

Antiguamente las vías estaban formadas por parejas de carriles de longitudes pequeñas. Una de las medidas más habituales eran 12 metros. Esto era así por el proceso de fabricación de los carriles, y es que en las fundiciones era muy complicado fabricar carriles más largos. Bueno, en realidad, la dificultad estaba en transportarlos más que en fabricarlos con más longitud. Luego, estos carriles se colocaban sobre las traviesas, y se unían con la siguiente pareja mediante bridas. También se las conoce como cachas.

Al unir los carriles con bridas, la unión no siempre era perfecta, porque dependía de que los taladros de la brida y del carril estuvieran perfectamente alineados, pero ésto no era así siempre. De ahí viene el famoso traqueteo que se podía escuchar antes en los trenes, hoy ya casi desaparecido. Estas uniones, a veces, dejaban un espacio suficiente como para que ahí se pudieran absorber las dilataciones y contracciones de los carriles por temperatura. No obstante, si las temperaturas llegaban a ser extremas podían pasar dos cosas: que se rompiera el carril por contracción debido al frío, o que se formara lo que se llama un "garrote", es decir, una curvatura de los carriles muy pronunciada que altera la alineación de la vía, debido a la dilatación de los carriles por calor. En este enlace podéis ver una foto de un garrote: http://fernandocos.blogspot.com.es/2012/01/garrote-de-via-en-el-ferrocarril-al.html.

Este fenómeno nos lleva al siguiente aparato de vía.


Juntas de dilatación

Como hemos dicho antes, la vía se dilata y se contrae, y lo hace en medidas auténticamente sorprendentes. Para que os hagáis una idea, los carriles de 12 metros de los que hemos hablado antes, con el rango de temperaturas que hay en España a lo largo del año (vamos a suponer temperaturas del carril de 0º en invierno y de 45º en verano) varía su longitud en 0,6 cm. Parece poco, ¿verdad?

Para mejorar el confort y el ruido en la marcha de los trenes, además de para abaratar el mantenimiento (los botes que dan las ruedas al pasar por las bridas pueden dañarlas, además de dañar el carril), se empezaron a montar carriles más largos. De hecho, hoy día, la medida estándar de carril son 18 metros. Estos carriles de 18 metros se colocaban en la vía y se soldaban entre sí, formando un único carril de varios cientos de metros de longitud. Imaginad ahora que hacemos eso, y formamos así una barra de (y no exagero nada) 396 m -22 barras-. La dilatación del carril en este caso podría llegar a ¡21 centímetros!

Para estos casos se inventaron las juntas de dilatación, que no son más que unas piezas que son capaces de absorber esas dilataciones o contracciones del material sin interrumpir el carril. En este enlace (http://prensa.adif.es/ade/u08/gap/prensa.nsf/Vo000A/224FD98F4EB24AADC1257895003EA26B?Opendocument) sale una foto de una junta de dilatación moderna, de las que están instaladas en las vías de alta velocidad (en las convencionales también se instalan). Pero, como véis, esto supone también una interrupción en el carril.
Junta de dilatación en la estación de Pinar de las Rozas (Madrid). Foto mía en diciembre de 2013.
En la foto podemos ver la junta de dilatación completa. Como podéis ver, los carriles más alejados se "abren" hacia fuera de la vía, y los carriles más cercanos se "meten" dentro de la vía, pero siempre manteniendo el mismo ancho de vía.

Ya que hemos hablado de carriles y demás, aunque no son aparatos propiamente dichos, os comento cómo se monta la vía.


Montaje de vía y soldadura de carriles

Como ya he dicho, la medida estándar de carril son 18 metros. Éste es el tamaño con el que salen del tren de laminado en la fundición. Pero, lógicamente, estos carriles no se llevan así a la obra, ya que entonces el montaje de vía resultaría carísimo porque habría que hacer dos soldaduras cada 18 metros. Por ello, estos carriles se trasladan a unas plantas de soldadura de carril, donde se van juntando 16 barras de 18 metros una tras otra, que se unen con soldadura por arco eléctrico hasta formar lo que llamamos una "barra larga soldada", que es un carril de 288 metros de longitud. Éste es el tamaño que se lleva a la obra.

Estas barras largas se cargan en trenes especiales, llamados "carrileros". En realidad son vagones plataforma a los que se les han desmontado los testeros (la partes frontales) y se les han instalado aparatos para sujetar los carriles. Estos trenes se desplazan desde las plantas de soldadura hasta el punto de acopio de materiales de la obra, y desde allí se reparten a lo largo de la vía.
Tren carrilero en la estación de Madrid-Chamartín. Foto mía en agosto de 2006.
Después hay que soldar estas barras con las siguientes, y así hasta montar toda la vía. En la obra se hace una soldadura aluminotérmica.

Como las juntas de dilatación suponen una interrupción del carril que no nos gusta (aunque a veces es inevitable), tenemos que inventar un sistema para eliminarlas, pero que a la vez nuestra vía no sufra las consecuencias de las dilataciones o contracciones.

Es tan sencillo como estirar el carril. Se hacen una serie de cálculos, para saber cuánto va a ser la dilatación máxima prevista (teniendo en cuenta las temperaturas medias del lugar). Ya sabemos cuánto va a dilatar el carril normalmente. Medimos la temperatura actual, para calcular cuánto más va a dilatar el material cuando aumente la temperatura, y con ese dato estiramos el carril los centímetros que nos marquen los cálculos y cortamos esa longitud. Ahora ya podemos soldar sin miedo. A este proceso se le llama eliminación de tensiones.
Corte de carril en la estación de Madrid-Chamartín. Foto mía en junio de 2006.
Para poder estirar el carril tenemos que soltar varias sujecciones de las traviesas. Normalmente se hace como en unos 3 ó 4 metros de longitud. A continuación, los soldadores alinean las dos puntas de las barras con reglas y gatos para que la soldadura sea perfecta y en el tren, al pasar, no se note nada. Una vez alineados los carriles, se montan unos moldes de terracota sobre la unión y se calientan tanto las puntas de las barras como el molde con sopletes.
Calentamiento de las puntas a soldar. La calidad de la fotografía no es muy buena, pero es como me salió esa noche y no he tenido oportunidad de hacerlas de nuevo. Foto mía en la estación de Madrid-Chamartín en junio de 2006.
Mientras, por otro lado, los soldadores preparan el mejunje de productos químicos. Esta mezcla se hace en un crisol, un recipiente con forma de embudo, y no es más que una mezcla de polvo de óxido de hierro y aluminio, también en polvo. Para iniciar la soldadura hay que "encender" la mezcla, y normalmente se hace con algo parecido a unas bengalas de las que usamos el fiestas y demás que se encienden con un simple mechero. Ésta se introduce en el crisol, y cuando la mezcla alcance una temperatura determinada, comienza una espectacular reacción química que libera gran cantidad de energía en forma de luz y calor. Esta energía sirve para fundir la mezcla de óxido de hierro y aluminio y entonces el aluminio reacciona con el oxígeno, fundiendo el hierro que irá ocupando el hueco que ha dejado el molde de la soldadura. 
Fusión de la mezcla de aluminio y hierro en el molde. Foto mía en la estación de Madrid-Chamartín en junio de 2006.
Pasado un tiempo, se puede retirar, con mazas, el molde de terracota. Después, se retiran todos los gatos y demás zarandajas que hemos usado, se asienta el carril en las traviesas y se aprietan las sujecciones. Por último, con una esmeriladora se le da forma a la cabeza del carril.
Amolado del carril para darle la forma adecuada a la soldadura. Foto mía en la estación de Madrid-Chamartín en junio de 2006.
Si aún así, os habéis quedado con ganas de ver cómo es una soldadura, en este vídeo lo tenéis resumido: https://www.youtube.com/watch?v=NHB0N8oEW10&feature=youtube_gdata_player, y no dejéis de ver los vídeos relacionados.

Bueno, volvamos con los aparatos de vía.


Agujas simples

Una aguja o desvío es el aparato que sirve para bifurcar una vía en dos. El nombre correcto del aparato completo es "desvío", pero, por deformación, los ferroviarios las llaman "agujas", que, como veremos, no es más que una parte del desvío. También se les llama cambios de vía, o simplemente cambios.

El desvío está formado por varias partes: las agujas o espadines, las contraagujas, el corazón, los contracarriles y la timonería y cerrojos.

Las agujas o espadines (más habitual el segundo nombre) son las partes móviles del desvío. Hablamos de desvíos convencionales, ojo. Son unos carriles cortados de determinada forma que se desplazan de un lado a otro sobre unos cojinetes. Los cojinetes pueden ser, principalmente de dos tipos: una superficie de acero plana convenientemente engrasada, o unos rodillos sobre los que rueda el espadín. El espadín, en su movimiento, quedará unas veces acoplado a la contraaguja, y otras quedará desacoplado.
Aguja vista de punta en la Bifurcación P.Pío de la línea de Madrid a Irún. Foto mía en diciembre de 2013.
En la foto podemos ver una aguja tomada desde la punta. El espadín que vemos a la derecha está desacoplado, y el de la izquierda está acoplado, es decir, que un tren pasaría por la vía recta.

La contraaguja son los carriles más exteriores del desvío. En desvíos rectos, una contraaguja será recta, y la otra será curva. En desvíos curvos, una será curva, y la otra más curva aún. Las contraagujas también tienen una forma determinada, muy similar a la del carril, pero con el hueco para que acople el espadín. En la imagen anterior también podemos ver las contraagujas, que son los carriles más a la izquierda y más a la derecha del desvío.

El corazón, como su propio nombre indica, es el centro del desvío. También se llama cruzamiento. Es una pieza grande, de una forma muy específica y es donde se encuentran el carril derecho (o izquierdo) de la vía directa, con el carril izquierdo (o derecho) de la vía desviada.
Corazón o cruzamiento de una aguja en la Bifurcación P.Pío de la línea de Madrid a Irún. Foto mía en diciembre de 2013.

Los contracarriles son unas piezas dispuestas a la altura del corazón, muy próximas al carril contrario, para evitar que los trenes puedan descarrilar al paso por el desvío. Y es que hay un punto en el corazón en el cual la pestaña de la rueda del tren no ejerce su función de guiado, por lo que el tren queda "suelto". Gracias al contracarril, si se produjera un movimiento lateral, sería la rueda que pasa por la contraaguja la que asumiría todo el esfuerzo de guiar el tren.
Aguja vista desde el talón en la estación de Pinar de las Rozas (Madrid). Foto mía en diciembre de 2013.
En esta foto podemos ver el corazón de otra aguja simple, y los contracarriles (uno a cada lado) que ayudan a guiar las pestañas de las ruedas.

Por último tenemos la timonería y los cerrojos. Estas piezas son las que nos van a garantizar la seguridad del tren. Inicialmente, los desvíos no tenían cerrojos que los mantuvieran su posición mientras pasaba el tren. Sólo tenían una barra gorda que unía los dos espadines que, a su vez, los unía a la marmita, o sea, al accionamiento del desvío. Una pesa (llamada "queso" por su forma), convenientemente colocada en la marmita, mantenía el desvío en su sitio. Pero poco a poco los trenes fueron siendo cada vez más pesados y cada vez más rápidos, y este sistema se reveló un tanto peligroso. 
Tren TRD a punto de pasar por una aguja accionada por marmita en la estación de Ayerbe (Huesca). Foto mía en julio de 2005.
Se inventó entonces un sistema que, mediante unas bielas, unas barras y unos cajones, sujetaban los espadines en su sitio. Es el cerrojo de uña, uno de los más usados y más extendidos por todo el mundo. El cerrojo está formado por una barra a la que se le han hecho unos huecos de una forma característica, y que, normalmente, va unida al accionamiento del cambio. Es la barra de tracción. En las puntas de los espadines se montan unas bielas, cuya punta tiene una forma que encaja en la barra de tracción. Y en las contraagujas se instalan unos cajones que es donde entran las bielas para dejar fijos los espadines. La forma característica de las bielas recuerda a una pezuña de animal, de ahí viene el nombre de cerrojo de uña. El funcionamiento es tal que, al empujar o tirar de la barra de tracción, ésta mueve la uña que está encerrojada, sacándola de su alojamiento. Si seguimos moviendo la barra, ésta llegará a un punto en el que enganchará la uña del otro espadín y la introducirá dentro del cajón, produciendo entonces el encerrojamiento de la aguja. Como se puede deducir, con éste sistema, la única forma de mover los espadines es moviendo la barra de tracción. Si lo intentásemos hacer al revés, es decir, empujar el espadín directamente, nos encontraríamos que que éste está encerrojado y no se puede mover. Por otro lado, el espadín desacoplado, por la forma de la barra de tracción, también queda inmovilizado.
Timonería de una aguja en la estación de Pinar de las Rozas (Madrid). Foto mía en diciembre de 2013.
En la foto podemos ver, en primer término, la barra de tracción, con el alojamiento para la uña, la biela con forma de uña y el cajón en el que encaja. En este caso se puede ver que la aguja está encerrojada porque, en esa disposición, la uña no cabe por la caja, con lo cual, el espadín está inmovilizado. La única forma de mover el espadín, sería mover la barra alejándola de nuestro punto de vista, para que la uña encajara en el hueco de la barra.

Además de ésto, en los cambios también hay dos pequeñas barras, cada una acoplada a un espadín, que están unidas a un comprobador de posición, que es el que transmite al enclavamiento cuál es la posición real de la aguja. En función de la tecnología, el comprobador será mecánico, hidráulico, eléctrico y podrá estar dentro o fuera del accionamiento del cambio. En la foto casi no se aprecian las barras de comprobación, pero son las que están entre la barra de tracción y la traviesa de la izquierda.

Hay varios tipos de desvíos, en función de su longitud y de la velocidad de paso, tanto por vía desviada como por vía directa. En España tenemos normalizados 6 tipos de desvíos:

  • Tipo A: velocidad de paso por vía directa de 140 km/h y de 30 por desviada
  • Tipo B: velocidad de paso por vía directa de hasta 160 km/h y de hasta 60 por desviada
  • Tipo C: velocidad de paso por vía directa de 200 km/h y de hasta 60 por desviada
  • Tipo V: velocidad de paso por vía directa de 200 km/h y de 100 por desviada
  • Tipo AV: velocidad de paso por vía directa de 300 km/h y de 160 por desviada
  • Tipo AV+: velocidad de paso por vía directa de 350 km/h y de 220 por desviada


Agujas dobles o escapes

Un escape, o aguja doble, es la unión entre dos vías paralelas. Son, en realidad, dos agujas enfrentadas una en cada vía, y que están conjugadas, es decir, cuyos movimientos son simultáneos. Si una aguja está a desviada, la otra también lo estará. No vamos a detenernos mucho más, porque no tiene más complicación.
Escape en la estación de Chamartín. Foto mía en enero de 2014.

Cruzamientos

Un cruzamiento es un lugar donde dos vías se cruzan. Pueden ser de distintos ángulos y están formados por piezas parecidas a los corazones de un cambio. El cruzamiento más conocido de España es el de El Berrón, en Asturias, donde antiguamente se cruzaban a 90 grados el Ferrocarril de Langreo con los Ferrocarriles Económicos de Asturias.
Cruzamiento de El Berrón (Asturias). Foto mía en octubre de 2012.

Cruzamiento en la estación de Pinar de las Rozas (Madrid). Foto mía en diciembre de 2013.
Como podéis ver en la foto, en un cruzamiento, los trenes sólo pueden tomar un camino, y es seguir recto.


Travesías de unión simple

En las estaciones de tamaño medio, comienzan a surgir problemas de espacio para montar todos los desvíos necesario, así que hay que inventar un sistema más compacto. Son las travesías, que son como cruzamientos, pero con espadines para permitir a los trenes tomar una vía u otra.

En una travesía de unión simple se combinan dos agujas con un cruzamiento. Tenemos cuatro posibles entradas y salidas: A, B, C y D. Bueno, pues en este tipo de travesía, un tren que viene desde A sólo podrá ir hacia D, un tren procedente de B podrá ir hacia C o D, un tren procedente de C sólo podrá ir a A y un tren procedente de D podrá ir a A o B. Mejor con una imagen.
Esquema simplificado de una travesía
En estas travesías tenemos cuatro espadines y dos corazones.
Travesía de unión simple en la estación de Pinar de las Rozas (Madrid). Foto mía en diciembre de 2013.
Como podéis ver, la diferencia entre un cruzamiento normal y una travesía de unión simple son los espadines y las contraagujas, que nos permiten tomar caminos distintos.


Travesías de unión doble

Vamos a complicarlo un poco más, porque hemos decidido que con las travesías anteriores no podemos hacer todos los movimientos que queremos. Así que juntamos dos travesías de unión simples. Ahora tenemos una espectacular combinación de 4 cambios y 2 cruzamientos. En este caso, todos los trenes, vengan de donde vengan, pueden tomar dos direcciones: de A a C o D, de B a C o D, de C a A o B y de D a A o B.
Travesía de unión doble en la estación de Pinar de las Rozas (Madrid). Foto mía en diciembre de 2013.
Aquí podéis ver que se complica todo un poco más, y es que llegamos a tener 8 espadines y 4 corazones.

Bretelles

Una bretelle es la unión de dos vías mediante dos escapes superpuestos. Es decir, la combinación de 4 agujas y un cruzamiento en una vía doble, o la combinación de dos escapes de distinto sentido. No nos vamos a detener mucho en ésto, porque no tiene más complicación que la de un escape. Sólamente que las agujas están conjugadas dos a dos.
Bretelle de la estación de Madrid-Chamartín. Foto mía en enero de 2014.

Calces

En determinadas situaciones podemos encontrarnos con que tenemos una vía en la que vamos a apartar material rodante que no se va a usar en mucho tiempo, o que queremos garantizar su inmovilidad, o que, en caso de que se muevan solos, no irrumpan en la red provocando un accidente. Este suele ser el caso de vagonetas de mantenimiento, o de vías de servicio de subestaciones, o incluso de apartaderos de mercancías particulares en las que el dueño está maniobrando con sus vagones y queremos evitar que entre en nuestra red por accidente.

Para ello existen unos aparatos, llamados calces descarriladores, que se colocan sobre uno de los carriles, y provocan que, si un tren llega a ellos por accidente, éste se salga de la vía, evitando que acceda a las vías de circulación y pueda provocar un choque. Son unas placas, que se encajan sobre la vía en unos asientos específicos, y que tienen por encima una pletina que empuja a las ruedas fuera del carril. Normalmente los calces están conjugados con la aguja que da acceso a esa vía, o están protegidos con cerraduras cuyas llaves quedan liberadas cuando se accionan esas agujas. Se dice que el calce está levantado si permite el paso, y abatido si no lo permite.


Agujas de corazón móvil

Cuando un tren pasa por una aguja, hay un punto en el cual una de las ruedas está "en el aire" (ya lo comentamos antes). El carril sobre el que va rodando está cortado y hay una discontinuidad que, además, deja a la rueda sin el guiado de la pestaña. El punto concreto es, exactamente, la punta del corazón. Ese hueco que se queda en el carril sobre el que está apoyando la rueda, es el hueco que necesitaría la pestaña de la rueda del otro lado para poder pasar hacia la otra dirección del cambio. Para permitir el paso a grandes velocidades por los cambios (las agujas de tipos AV y AV+), no debe haber discontinuidades en la superficie del carril, lo que nos plantea un problema.

Una vez más tiramos de nuestros ingenieros y les ponemos a pensar y a diseñar un sistema que permita que no haya interrupciones en el carril. Y nuestros ingenieros, que son muy listos y para eso les pagamos, nos inventan una aguja de corazón móvil. Esto es un invento la mar de raro en el cual no sólo se mueven los espadines para dirigir al tren, sino que, además, la punta del corazón se puede mover, acoplándose a uno un otro lado, en función de la posición de los espadines.

Como acceder a las vías de alta velocidad para hacer fotos y vídeos de cómo funcionan las agujas es complicado, aquí os dejo un vídeo que he encontrado donde podéis ver un prototipo de aguja de corazón móvil y cómo se mueven tanto los espadines, como el corazón. Además, se puede ver de forma bastante clara cómo funciona un cerrojo de uña. Hala, ahí tenéis el vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=2rJFDdb1xc8.

Además, y muy recomendable por la inusual perspectiva, este otro vídeo. Esta vez es de Adif: http://www.youtube.com/watch?v=LC45wXBS_Zk

Y esto es todo en cuanto a aparatos de vía.